Cómo ajustar la temperatura en una calefacción de suelo radiante
Ajustar la temperatura del suelo radiante no es complicado. Pero es importante hacerlo bien para aprovechar todas las ventajas que ofrece este tipo de calefacción, sostenible, eficiente y saludable. ¡Te contamos cómo hacerlo!
- Controlar la temperatura ambiente
- Controlar la temperatura del agua del circuito de suelo radiante
- ¿A qué temperatura poner el suelo radiante?
- Ventajas del suelo radiante
¿No tienes claro cómo ajustar la temperatura de tu suelo radiante? Si has instalado este sistema de climatización en tu casa o estás pensando en hacerlo, no lo dudes: es el más eficiente, sostenible y confortable. Pero es importante que esté a la temperatura correcta para sacarle todo el partido y no gastar ni un euro de más. Regularla no es difícil, pero conviene tener en cuenta una serie de factores que te ayudarán a optimizar su uso al máximo: los analizamos a continuación.
Controlar la temperatura ambiente
Antes de ajustar la temperatura del suelo radiante (o de cualquier otro sistema), es interesante conocer un concepto: el de curva de calefacción o curva de calentamiento, también conocida como "líneas de calefacción o calentamiento". Lo de curva o línea indica que nos estamos refiriendo a un gráfico, donde un esquema de este tipo aporta la información necesaria.
La curva de calentamiento es la relación que existe entre dos tipos de temperaturas: la temperatura exterior o ambiente y la temperatura de impulsión. La primera, seguro que ya sabes qué es; precisamente, es la que todos buscamos regular en nuestras casas para estar a gusto. Por su parte, la temperatura de impulsión es que la que necesita el sistema de calefacción para alcanzar la temperatura ambiente deseada. La pendiente de la curva de calefacción, por tanto, indica cuántos grados debe subir la temperatura de impulsión para equilibrar los que baja la temperatura exterior.
En realidad, y aunque es interesante saber en qué consiste, este concepto es sobre todo para uso profesional. Cuando los técnicos dimensionan los sistemas de calefacción, utilizan el cálculo de la curva para diseñar los sistemas. A nivel usuario, sobre todo, es importante ajustar nuestro sistema de manera que la temperatura ambiente esté entre 18°C y 22°C; solo así bajaremos nuestras facturas. Recuerda: estar en manga corta en casa durante el invierno no solo es poco lógico, sino también poco eficiente...
Controlar la temperatura del agua del circuito de suelo radiante
Teniendo en cuenta la temperatura ambiente que queremos alcanzar, vamos ahora con la de nuestro sistema. En suelo radiante, para "modo calor" la temperatura de impulsión máxima debe estar entre 35°C y 45°C. Sin embargo y por motivos de seguridad, está establecido por normativa un límite de 29°C: el suelo radiante nunca alcanzará temperaturas por encima de esta cifra.
Una de las características más interesantes del suelo radiante es su inercia térmica, es decir, su capacidad para conservar el calor. Esto permite al circuito funcionar con temperaturas muy bajas, por lo que será prácticamente imposible que tengamos que ajustar la temperatura del agua a los 29 grados mencionados. Por lo general, con una subida mínima el calor subirá de forma exponencial.
La forma más inteligente de regular las temperaturas es utilizar termostatos. Los sistemas actuales los incluyen de fábrica, permitiendo además establecer ajustes distintos por zonas (dormitorios, salón...). Estos sistemas también se pueden conectar a la red domótica, a sistemas de control por voz y al móvil o la tablet, que permiten ajustar la temperatura del suelo radiante o encender, apagar y programar el sistema a distancia. Aunque no pasa nada si dejas el suelo radiante siempre encendido.
¿A qué temperatura poner el suelo radiante?
Aunque ambos sistemas (radiadores de agua y suelo radiante por tuberías) funcionan con agua caliente, su forma de emitir el calor es diferente. Esto hace que el suelo radiante pueda lograr la misma sensación térmica con una temperatura de agua más baja que la de los radiadores. En general, la diferencia es la siguiente:
- Los radiadores calientan por convección. Es decir, calientan el aire que entra en contacto con ellos, y es el propio aire el que después transmite el calor a los cuerpos y las superficies.
- El suelo calienta por radiación. Cualquier cuerpo a una temperatura concreta transmite radiación térmica; si hay otro cuerpo cerca a menor temperatura, la recibirá. Por tanto, no calienta el aire sino a las personas, animales y objetos que están directamente sobre él.
El calor por convección de los radiadores hace que el aire esté a una temperatura superior que las superficies (incluyendo la del propio radiador). Para obtener una sensación térmica agradable, tendremos que ajustar el termostato a una temperatura ligeramente superior que la deseada. Por ejemplo, para calentar una habitación a 20°C lo normal es poner el termostato a 22°C.
Por el contrario, en el caso del suelo radiante el aire está a una temperatura más baja que la del suelo radiante. Lógicamente, para lograr una buena sensación térmica bastará con regular el termostato a una temperatura inferior a la de la sensación térmica que queremos obtener. Al contrario que antes, para lograr una sensación de 20°C, bastará con ajustar el termostato a 18°C.
Ventajas del suelo radiante
La calefacción (y climatización) por suelo radiante lleva ya décadas con nosotros. Año tras año, la evolución de los sistemas y el uso de energías renovables como la aerotermia han hecho que sea un tipo de calefacción sostenible, económica y atractiva. Hoy día ya nadie pone en duda sus ventajas; te las resumimos a continuación:
- Es un sistema eficiente. Esto significa que consume menos energía que la que genera, algo que logra gracias a la emisión de calor/frío por radiación, como te contábamos en la sección anterior. Pero eso no es todo: hoy, la tendencia es conectar aerotermia y suelo radiante. Esto hace que el ahorro energético en comparación con otro sistema eficiente, como las calderas de condensación, alcance un 45%. Si combinamos la aerotermia con el uso de placas solares fotovoltaicas, el ahorro puede llegar a un 70%.
- Es invisible. Las tuberías del sistema radiante circulan bajo el suelo de las viviendas. Esto hace que queden totalmente invisibles, permitiendo colocar en las paredes todo tipo de muebles, cortinas o accesorios decorativos. Podrás olvidarte de elegir entre suelo radiante o radiadores y de los antiestéticos splits de pared.
- Es saludable. Al no calentar el ambiente por convección sino por radiación, el suelo radiante no genera corrientes de aire. Por tanto, no levanta polvo y disminuye de forma radical los problemas de alergias.
- Se amortiza con rapidez. Aunque el precio de instalar suelo radiante es costoso (incluyendo, además, la reforma de retirar el suelo y volverlo a colocar), las ayudas y subvenciones a la rehabilitación eficiente permiten ahorrarse hasta un 60% de la inversión. Esto, sumado al fuerte ahorro en las facturas, hace que la inversión se amortice en pocos años.
- Revaloriza las viviendas. El precio de venta o alquiler de una casa con suelo radiante puede subir hasta un 15%, en comparación con otras con sistemas de calefacción distintos.
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