Tipos de leña: ¿cuál es la mejor para usar?
¿Conoces qué tipos de leña puedes utilizar para quemar en la chimenea? Las distintas especies ofrecen calidades y efectos de todo tipo: saber escoger la más adecuada te ayudará a mejorar el confort de tus espacios. Te contamos cuáles son los que se suelen emplear en chimeneas domésticas, qué poder calorífico tiene cada tipo y cuál es el que mejor arde. ¡No te pierdas este artículo!
Tipos de leña
A la hora de escoger entre los distintos tipos de leña hay que tener en cuenta varios aspectos. En primer lugar, tendrá que tratarse de una opción que esté disponible en tu zona. Bien porque puedes cortarla de tu propio jardín o aprovechar restos de poda, bien porque haya un distribuidor que te la lleve. Por otra parte, conviene pagar un poco más por una leña que arda durante más tiempo y aporte más calor. Para no equivocarte, te explicamos a continuación las características de los tipos de leña más habituales:
Encina
Con un poder calorífico de 4.540 Kcal/kg, se trata de la leña más valorada para utilizar en chimeneas y estufas. Al tratarse de una especie densa y dura con poca humedad, permite una combustión lenta y duradera que aporta un calor intenso y confortable. Este tipo de leña enciende con rapidez y prende fácilmente, y como su nivel de humedad es muy bajo, emite menos humos y residuos al ambiente. Además, esta característica también facilita la limpieza y el mantenimiento de la chimenea.
El aroma de la leña de encima es discreto y agradable. Probablemente su única desventaja sea su precio, ya que se trata de uno de los tipos de leña más costosos. Sin embargo, sigue siendo una alternativa económica a otros combustibles: merece la pena.
Roble
Al igual que la de encima, la leña de roble se considera leña de alta calidad. Es un poco más económica que la anterior, pero también prende con facilidad, emite pocos residuos y cuenta con un poder calorífico elevado (4.600 Kcal/kg). Al tratarse de una madera muy densa y dura, permite crear brasas de larga duración que también son adecuadas para barbacoas y parrillas.
A la hora de encargarla, asegúrate de que su grado de humedad es inferior al 20%: solo así podrás disfrutar de todas sus virtudes. Y como se trata de una madera dura, lo mejor es que las piezas no tengan un grosor de más de 10 cm. Esto también vale para la leña de encina: ¡tenlo en cuenta!
Haya
La madera de haya es muy común en nuestro país. Es una madera densa y maleable que se emplea sobre todo en la industria maderera, para la fabricación de muebles, utensilios y artículos de decoración. Como leña tiene un poder calorífico alto (4.000 Kcal/kg), si bien es algo menor que el resto de las especies de uso habitual.
Se trata de una leña densa y de combustión lenta, aunque se consume antes que la leña de roble o la de encina. Por este motivo, también resulta más económica. Su aroma es discreto, y una de sus ventajas más interesantes es que produce llamas altas y atractivas, de gran poder decorativo.
Naranjo
De nuevo, nos encontramos con una leña con elevado poder calorífico: nada menos que 4578 kcal /kg. Esto la convierte en una buena opción para la chimenea, aunque no prende tan bien como la leña de encina o de roble. Una de sus mayores ventajas es su aroma, agradable y delicado, ideal para dar un toque de encanto a los ambientes.
Esta leña es de uso habitual en la zona del Levante español por la profusión de cultivos de naranjos. En el resto de España puede ser más complicada de obtener, lo que causa un aumento del precio. En estos casos es mejor optar por otras alternativas, más económicas y sostenibles.
Alcornoque
El poder calorífico de la leña de alcornoque es algo menor, similar al de la leña de haya: 4.000 Kcal/kg. Sin embargo, sigue siendo más que suficiente para generar un calor intenso, confortable y duradero en el hogar. Una de sus mayores ventajas es que prende con mucha facilidad, dada su textura porosa y su elevado contenido en resinas.
Es una leña de combustión lenta, aunque se consume antes que la roble, encina o haya. Para sacarle el máximo partido en la chimenea se recomienda escoger trozos con un diámetro de entre 10 y 20 cm.
Pino
Aunque su poder calorífico es alto (4457 kcal/kg), la leña de pino no es de tan buena calidad como las anteriores. Es cierto que produce llamas altas y atractivas, se enciende con facilidad, tiene un aroma agradable, calienta con rapidez y es muy económica. Por otra parte, es una leña con poca densidad, lo que hace que se consuma con rapidez.
Lo mejor es elegir otra especie que prolongue la combustión y el calor durante más tiempo, aunque salga algo menos económica. Una buena opción es utilizar leña de pino para encender la chimenea y generar llamas, y luego añadir una especie más densa y dura para crear brasas de calidad.
¿Cuál es la leña que más calienta?
Tras analizar los distintos tipos de leña, podemos constatar que la leña que más calienta (y durante más tiempo) es la leña de encina. Aunque la de roble tiene mayor poder calorífico, su combustión es ligeramente más rápida. En cualquier caso, ambas son las mejores opciones para alimentar la chimenea, seguidas de la leña de haya, naranjo y alcornoque.
- Las maderas duras y más densas son las que más tiempo mantienen el fuego y más calor generan. En cuanto a las blandas, son perfectas para encender chimeneas y barbacoas y avivar el fuego si vemos que empieza a languidecer. También son una buena opción si vamos a encender la chimenea durante poco tiempo, ya que prenden con rapidez y generan calor casi de inmediato.
- El poder calorífico y la especie no son los únicos factores a tener en cuenta a la hora de elegir. El grado de humedad y el secado de la madera son también fundamentales para conseguir un calor duradero y de calidad. Cuando se corta, la leña tiene un nivel de humedad de un 50% o incluso superior. Para poderla emplear en la chimenea debe pasar por un proceso de secado, que reducirá el porcentaje por debajo del 20% (nivel óptimo para la combustión).
¿Cómo almacenar los distintos tipos de leña?
Independientemente del tipo de leña que escojamos, la forma de almacenarla será siempre igual. Es fundamental que se guarde en un lugar seco y ventilado, y si puede ser, lejos del suelo (en una estantería para leña, una leñera o una estructura adecuada). La humedad y la falta de ventilación terminan por generar moho en la madera, que con el tiempo puede llegar a causar su pudrición.
Si la leña tiene ligeras manchas de moho, no tiene por qué ser un problema. Pero si está generalizado y cubre grandes superficies, no podrás utilizarla para la chimenea. Para estar seguro, comprueba con un higrómetro el nivel de humedad del espacio donde la almacenes y asegúrate de que está perfectamente ventilado. La humeda debe estar siempre por debajo del 25%, aunque el porcentaje óptimo se sitúa por debajo del 20%.